A 101 años de su nacimiento, Horacio Guarany sigue cantando en la memoria del pueblo

El hombre que convirtió el dolor del monte en canción nació un 15 de mayo de 1925. Desde Terraviva, evocamos su lucha y su figura artística.
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El querido Horacio nació donde nacen las historias que parecen leyenda. No en una clínica ni bajo una luz blanca de hospital, sino en el corazón del monte santafesino, entre quebrachos, hacheros y tierra colorada. Allí, cerca de Guasuncho o Intiyaco, el 15 de mayo de 1925 llegó al mundo Eraclio Catalín Rodríguez Cereijo, el hombre que después sería conocido como Horacio Guarany.
Venía de una familia atravesada por la pobreza y el trabajo duro: hijo de un hachero correntino de raíces guaraníes y de una inmigrante española que fabricaba muebles con sus propias manos. Fue el antepenúltimo de catorce hermanos y aprendió desde niño que la vida podía ser áspera, pero también podía cantarse.
Aquella infancia de monte, hambre y silencios marcaría para siempre su obra. Porque Guarany no cantó desde el privilegio: cantó desde la herida. Desde los obreros de La Forestal, desde los peones olvidados, desde el barro y el exilio interior de los pobres. En la década del cuarenta llegó a Buenos Aires buscando abrirse camino. Trabajó como foguista, cocinero y estibador, mientras por las noches cantaba en boliches de La Boca. Sus primeros pasos artísticos fueron junto a la orquesta de Herminio Giménez, interpretando música paraguaya y canciones en guaraní.
Guarany junto a otra leyenda del folclore, César Isella.
El gran quiebre llegó en 1957, cuando debutó en Radio Belgrano con “El mensú”, de Ramón Ayala. Aquella voz ronca y desafiante irrumpió como un trueno en la radio argentina. No era una voz pulida: era una voz de tierra. Desde entonces comenzó una carrera imparable que lo convertiría en una de las figuras más populares del folklore nacional. Temas como “Zamba de mi esperanza”, “Caballo que no galopa”, “El chúcaro”, “Guitarra de medianoche”, “Puerto de Santa Cruz” y, sobre todo, “Si se calla el cantor”, pasaron a formar parte del cancionero popular argentino. En 1961 fue uno de los pioneros del Festival Nacional de Folklore de Cosquín y desde entonces su figura quedó unida para siempre a la plaza Próspero Molina.
Guarany también llevó su arte al cine y la literatura. Protagonizó películas emblemáticas como Si se calla el cantor y “La vuelta de Martín Fierro”, además de escribir novelas y memorias. Pero su compromiso político y social tuvo consecuencias. En 1974 fue perseguido por la Triple A, sufrió amenazas y atentados, y debió exiliarse primero en Venezuela, luego en México y finalmente en España. La dictadura censuró sus canciones y desapareció parte de su discografía, pero nunca logró apagar su voz. Volvió al país años después y retomó lentamente el contacto con su público, que lo siguió abrazando como a uno de los suyos. A lo largo de su carrera obtuvo 15 discos de oro, una decena de discos de platino, un Premio Gardel y el Konex de Platino que lo reconoció como el cantante masculino de folklore más importante de la historia argentina.
Murió el 13 de enero de 2017, en su casa de Luján, a los 91 años. Pero hay voces que no se apagan. “El canto está adentro de uno”, decía siempre. Y en él, el canto y la vida fueron la misma cosa: una forma de resistir, de amar y de nombrar a los olvidados. Lo lloraron los festivales, las guitarras, los bombos, los obreros del monte y los pueblos del interior. Lo lloró el país entero. Porque cuando se calla un cantor, calla la vida. Y Horacio Guarany, aún después de muerto, sigue cantando en algún rincón profundo de la memoria argentina.
Fuentes consultadas: "Horacio Guarany, Toda una vida", escrito por Roy Stahli. Sitios web: Infobae y Télam.
Foto portada: Homenaje a Horacio Guarany en La Plata, el 15 de abril del 2012 (Foto: Daniel Forneri







